El Comunal

El Monte de Utilidad Publica 228 perteneciente al pueblo de Rioseco cuenta con una superficie de 983 Has. De las que aproximadamente un tercio son bosque de hayas principalmente, otro tercio pastos desbrozados y otro tercio es brezo y árguma. La mayor parte de su superficie se encuentra dentro de la Reserva Nacional de Caza del Saja, la más extensa de España.

En 1858, con los liberales en el gobierno, se entabló una lucha entre el Ministerio de Hacienda, partidario de la más amplia y rápida liquidación de los montes públicos y sin respeto a las normas establecidas, y el de Fomento que procuraba evitar la venta cuando no era razonable. Este último ministerio se vio obligado a realizar una Clasificación General de los Montes Públicos por un Real Decreto de 16 de febrero de 1859. Fue una de las primeras funciones encomendadas al recién creado Cuerpo de Ingenieros de Montes. Se les dio el tiempo de cuatro meses para su elaboración, período muy breve en relación con los medios disponibles en la época. El resultado ofrece una completa relación de los montes exceptuados de la desamortización y los enajenables, distinguiendo su pertenencia al Estado, a los pueblos o a las corporaciones civiles.

El comunal ha sido el sustento de las comunidades rurales. Sus recursos eran indispensables e insustituibles y esa trascendencia alcanza sus máximas cotas cuando nos referimos a las zonas de montaña que carecen de recursos que pudieran complementarlos El monte comunal era el sostén de la actividad ganadera, total en el caso de ovejas y cabras, complemento substancial en el caso de vacuno y caballar e incluso en algunas épocas de los cerdos. En todas las aldeas el pastoreo extensivo en el monte vecinal se realizaba de forma comunitaria.

Se documenta desde antiguo una amplia actividad de pastoreo, una práctica de tipo comunitario donde las reses de toda la comunidad estaban a cargo de uno o varios pastores, que podían ser vecinos o asalariados. Existía la denominada «vecería», que suponía la articulación de un sistema de pastoreo en el que participaban todos los vecinos propietarios de ganado en riguroso turno. Estos se establecían de manera proporcional a las cabezas de ganado aportadas al rebaño. La equivalencia era de un día de pastoreo por cada res enviada a pastar, salvo el vecino que aportaba el semental que libraba varios días.

La composición del rebaño variaba según las épocas. En algunas de ellas sólo funcionaba para el ganado menor, cabras y ovejas, ya fuera por separado ya conjuntamente, pero en otras también équidos y bovinos podían conformar el rebaño El ganado se reunía por la mañana para subir a los pastos y se volvía al anochecer para que fuera guardado por su dueño. La existencia de este sistema de pastoreo y otras formas de organización comunitaria en terrenos privados individuales subraya la interdependencia de los vecinos en la gestión de los recursos.

El comunal era también el soporte de la actividad agrícola vía aprovisionamiento de (tojo, brezo de pequeño tamaño) utilizado como cama para el ganado y abono para las tierras de labor e incluso como alimento para ganado caballar en épocas de escasez, Este se cortaba en el monte y se trasportaba en carros hasta las cuadras donde se usaba como cama para el ganado.

Otras actividades deudoras de la superficie comunal y de relevancia en la vida diaria de la población y en la generación de rentas eran el aprovisionamiento de madera para la construcción y el de leña para cocinar los alimentos y calentar las casas en los largos inviernos, fabricación de útiles y herramientas, precisamente la fabricación de albarcas ha sido un aprovechamiento muy importante en Rioseco hasta el siglo pasado. la producción de carbón vegetal para su venta en las numerosas ferrerías de la comarca fue una actividad registrada desde el siglo XVI.

Los palos de escoba, cestos etc. Brezos para «escobones», los helechos para quemar el «chon» y el orégano para la matanza, la caza menor y la venta de pieles, la recolección de hayucos (el fruto del haya) utilizado como aceite, frutos silvestres como ráspanos, endrinas, moras, setas, plantas medicinales (manzanilla) y un sinfín de pequeños aprovechamientos que nos dan idea de la importancia que tenía y tiene el comunal y la necesidad de su regulación, así lo atestiguan unas Reales Cartas Ejecutorias de 1501, los documentos más antiguos de ordenanzas y aprovechamientos de los que tenemos constancia.